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Cómo viajar a Koh Phangan

La tormenta que arrasó el sur de Koh Phangan

8 febrero, 2016 Comentario (0) Visto: 3115 Destinos, Tailandia, Viajes

En busca de la calma en Koh Phangan

Tras varios días explorando las calles de la frenética Bangkok necesitábamos un poco de tranquilidad por lo que, y aunque pueda parecer no tener mucho sentido, decidimos irnos a la isla de Koh Phangan en busca de la calma. Conocida como la “Ibiza de Asia” por sus innumerables fiestas, en especial la mundialmente famosa Full Moon Party, esta preciosa isla situada en la costa sudeste de Tailandia también puede ser un paraíso para aquel que busque un lugar en el que relajarse, si eres de los que tienes suficiente con un encantador bungalow de bambú a la orilla de alguna de sus increíbles playas de arena blanca y aguas cristalinas.

Hizo falta cruzar la ciudad de Bangkok en un gélido tren y una pequeña aventura en un destartalado autobús, seguido de 10 largas horas en autocar hasta Surat Thani para, a las 6 de la mañana, coger un ferry a Thong Sala, puerto principal de la isla, seguido de una aventura en songthaew hasta Haad Rin, una movida travesía en taxi boat hasta Haad Tien y, por último, un intenso trekking por la selva. 16 horas y 1316 baths después, pudimos disfrutar de nuestro pequeño bungalow de bambú en una de las maravillosas playas de Koh Phangan. A pesar del largo y lento viaje, sin duda mereció la pena.

Una vez llegamos a Haad Yuan, y tras nuestro intento fallido de llegar sin ninguna reserva en temporada alta, nos decantamos por quedarnos en el Resort Barcelona mientras buscábamos con más calma un lugar en el que quedarnos definitivamente. El hostal no estaba mal, las habitaciones estaban considerablemente limpias, la comida del restaurante, pasable; y las vistas desde los bungalows, increíbles.

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La sorpresa llegó a eso de las 6 de la tarde cuando empezó una de las famosas fiesta del Eden Bar. A pesar de que estábamos como a un kilómetro de distancia, el ruido y el “chumba-chumba” de sus potentes bafles hacían retumbar las paredes de bambú de nuestro pequeño bungalow. Doce horas, ni más ni menos, duró la fiesta, pero ahí no acabó todo. A eso de las 10 de la mañana, una peregrinación de zombies hippies new age  salía desde el Eden Bar dirección al Ocean Rock Bar, justo al otro lado de nuestro hotel. Misma música, misma gente, mismo “chumba-chumba” pero esta vez más alto y más cerca. No me entendáis mal, parecían estar disfrutando al máximo de la fiesta, se abrazaban, besaban, reían y eran felices (posiblemente ayudados por alguna sustancia mágica) y parecía ser el mejor día de sus vidas. Éramos nosotros lo que no encajábamos, los que estábamos en el lugar equivocado así que decidimos hacer las maletas y salir en busca de la calma.

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Si sigues el camino que hay por la costa desde la playa de Haad Yuan en dirección norte, tras pasar algunos puentes de madera de dudosa estabilidad, llegarás a una preciosa playa de infinitas palmeras llamada Haad Tien. El lugar y el ambiente es maravilloso aunque queda algo eclipsado por el majestuoso “The Sanctuary”, un bonito hotel y centro de salud donde la gente llega con la esperanza de pasar unas semanas de detox a base de zumos y platos vegetarianos o con la voluntad de aprender más sobre yoga y meditación.

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El resort es precioso, perfectamente integrado con la naturaleza y con un personal encantador. Es de esos lugares (algo excepcionales en Asia) tan limpios que sientes que tu atuendo mochilero y tu mera presencia ensucian el lugar. Aun así osamos preguntar el precio de las habitaciones y aunque la oferta de una habitación doble deluxe por 4.000 THB (unos 100€ al cambio) era suculenta, decidimos seguir buscando.

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Nos adentramos en un frondoso camino por el interior de la selva en el que nos topamos con vacas y gallos, subidas empinadas y dramáticas bajadas. Continuamos durante algo menos de 700 metros hasta que nos encontramos con colorido cartel en el que se leía WHY NAM. Pocos metros después se vislumbraba un pequeño paraíso. Una cala con una preciosa playa de arena gruesa y tonos ocres, con aguas transparentes en la que estaba amarrada una pequeña y colorida barca típica de Tailandia y en la que solo había un único hotel con el original nombre de Why Nam.

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El dueño, un simpático personaje, y sus empleados, un grupo de jóvenes birmanos,  fueron extremadamente atentos con nosotros y nos enseñaron el bungalow que tenían disponible y en pocos minutos estábamos instalados. Probablemente es uno de los lugares, hoteles y bungalows con más encanto en los que he estado nunca. Dejaré que las fotografías hablen por si solas porque a veces cuesta creer que aun existan lugares como estos a precios para presupuestos mochileros.

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Y así, bajo las palmeras, cegados por el sol y con un coco fresquito en nuestras manos comenzaba nuestra vida isleña en Ko Pha-Ngan.

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